sábado, 2 de junio de 2012
La nariz en tiempos de cólera
Me hallaba un día de bruces, cual lobo marino tirado en mi cama, sin hacer más que rascarme las bolas y pensar en la inmortalidad del cangrejo cuando, impulsado por un extraño deseo voyerista, me puse a revisar cuanto facebook y fotolog encontré en mi camino virtual. Y en eso estaba cuando me di cuenta de que, en dichos espacios sociales, se podía ver fotos de diferentes personas que, por efectos de algún programa de edición de fotos, NO TENÍAN NARIZ!!
Bueno, bueno... no tanto así, sino más bien habían blanqueado tanto sus rostros con algún mencionado programa, que dentro de sus facciones faciales los contornos de la nariz habían desaparecido entre tanta luz y brillo, dando la ilusión de que la naríz no se encontraba ahí.
A raíz de toda esta parafernalia ya mencionada, me puse a pensar (mientras hurgaba mi nariz) en esta simpática protuberancia de carne que tantas virtudes y desazones produce en la sociedad contemporánea.
Se da, por ejemplo, una gran importancia a una bella nariz en nuestra sociedad que tanto aplaude lo "bello" (tomando dicho concepto como una generalización, pero respetando su subjetividad, claro) Una linda nariz: pequeña y sutilmente respingada, puede hacer (casi) aceptable un rostro no muy agraciado; así como de la misma manera, una fea nariz puede llegar a arruinar por completo la hermosura de un rostro de armónicas facciones.
Ahora bien. ¿Sabían ustedes que Nicole Kidman fue catalogada como la mujer con la nariz perfecta? Es por eso que no nos ha de extrañar que dentro de la superficial y frívola sociedad de Beverly Hills, estén de moda las rinoplastias al estilo Nicole.
Y así marchan las cayuyas, narices rojas de payasos, y narices largas de mentirosos y elefantes; narices grandes de catadores; profundas para diseñadores de perfumes; húmedas de nuestros compañeros animales; de aviones y de barcos, y la mía que no es para nada fea...
Una última encuesta a nivel mundial sobre la importancia de la nariz, encuestadores profesionales aseguran haber oído ruidos extraños provenientes de debajo de la tierra. Posteriores investigaciones forenses revelaron que se trataba del mismísimo Hércule -Savinien*, quien se revolcaba en su tumba.
Pinocho acaba de llamarme amenazándome con interponer una querella en mi contra por daños y perjuicios contra su integridad psicológica, dado el contenido de mi columna.
Rodolfo el reno no quiso emitir opiniones al respecto, y José Alfredo Fuentes rehuyó ha nuestra llamada telefónica.
¡¡EXTRA!! ¡¡EXTRA!!
Los chismes de última hora dicen que dentro del congreso nacional, el senador y ex presidente de la república, don Lalo frei, piensa sacar una licitación para que el AUGE incluya también la cobertura del resfrio y la sinusitis...
TENDENCIA NASAL
(últimas tendencias de la nariz en la literatura, la ciencia y la política)
Einstein, Mistral, Neruda y Ghandi... sólo vea mi muy estimado don Nicanor Parra a este cúmulo de narices ganadoras del Nobel y acepte mi humilde consejo: vaya a la cocina, córtese el dedo gordo del pie, y péguelo a su nariz. Pues así, quizá siendo un narizón más, pueda usted quizá aspirar al tan codiciado premio que tanto se le ha negado.
*Si está leyendo esto, es porque no tiene idea de quién es Hércule -Savinien, pero como no pretendo fomentar su pereza, lo insto a tomar un diccionario y buscar quién fue.
Ps: Busque el poema A un hombre de gran nariz, de Francisco de Quevedo.
Culturícese, no sea tonto.
jueves, 3 de mayo de 2012
Una verdad desagradable
(Perspectiva sobre la pereza, la televisión y los
intelectuales de mi generación)
Sucede que la noche anterior tuve la desagradable
suerte de presenciar una de las tantas discusiones de mi hermana con mi
madre. Resulta que todo nació a raíz de la incapacidad que tiene mi hermana
menor para respetar las reglas convencionales de comportamiento que todos
conocemos como “buenos modales” para con cualquier otro tipo de ser vivo a
base de carbono (incluyendo su/mi propia madre, claro está) ¿El resultado? Un
par de palabrotas con tono alzado y el inexorable desenlace en que mi hermana
dio por finalizado sus alegatos con la más odiosa premisa que pudo haber nacido
de su poca intelectualmente desarrollada base argumentativa: “así me criaste”
Mi madre, por supuesto, se ofuscó de lo grande y
de inmediato puso en tela de juicio dicha afirmación. Pero luego de haber
sido testigo durante diez y seis años de la crianza de mi hermana por parte de
mi progenitora, la verdad es que no hubo cabida real para refutar la veracidad
de dicho enunciado.
Como les dije en un comienzo, la discusión fue
desagradable y de pésimo gusto, pero cupo preguntarme finalizada esta, si
¿acaso no es la misma excusa que usan todas las personas a fin de justificar
existencias completas, incluyendo pequeñas discusiones de pasillo?
El sistema está formado y no se puede luchar
contra él; o quizá si se puede, pero no se ha de lograr mucho contra la
corriente. Inclusive, sí se podría llegar a lograr algo (quizá) pero con el
tiempo, el mismo sistema terminará por contemplar cómo la vorágine de la
economía y la presión social aniquilará todo utópico sueño idealista que se
atreva en su momento a luchar contra lo establecido: como un salmón que nada
cuesta arriba la cascada para terminar siendo devorado por un paciente oso que
lo espera en la cima.
No hacemos nada por cambiar las cosas, porque así
nos hizo la sociedad.
¿Será entonces que el triunfo de la mediocridad se debe a la
pereza o a nuestra crianza? ¿Y que la
caverna de Platón fue una
triste epifanía futurista que define nuestra era?
Hacemos nada por pereza, y tenemos el descaro de
disfrazarlo tras una negra capa de justificaciones basadas en la supuesta
imposibilidad de oportunidades que nos niega el sistema.
¿Y eso es todo? ¿Es esa la verdad? Pareciera que
sí: es mucho más fácil revolcarse en el lodazal de la “depresión” y el
pesimismo evidenciado en nuestro propio diario vivir, que hacer algo por
cambiar las cosas.
¿Será entonces que Jean Paul Sartre no cometió un
error al definirnos con exactitud como una pasión inútil?
Pues claro: “La
felicidad nunca es grandiosa” escribió una vez Aldous Huxley (y
cuanta razón tenía) Y ésta excusa, nos presenta la tragedia por
excelencia: nosotros como héroes trágicos luchando contra el mundo.
Muy a lo griego.
Pero punto aparte de la aparente verdad que nos
provee la afirmación anterior, a veces da la impresión de que no somos más que
tontos autómatas sin capacidad para pensar por nosotros mismos: esclavos de los
beneficios impuestos por la modernidad y crédulos ante los gigantes del sistema
comunicacional utilizado para la difusión entre las masas del sentimiento de
inseguridad social y dependencia hacia los medios políticos/corporativos,
conocido por todos como “noticiario central”, que vulgariza y parodia la
presentación e información de los hechos cotidianos, presentando una dualidad
de casos que tienen como fin masificar el sentimiento de TERROR, y luego
hundirnos en una burbuja social que nos da para hablar en la oficina - sin caer
en el mal gusto de lo que nadie quiere oír, por supuesto - con noticias como la
guerra de Irak, las ojivas nucleares de norcoreana, y la cantidad de silicona
que se puso en las tetas la modelo de turno. Noticias que nos dan de qué
hablar, mucho más adecuadas a nuestro afán de escapar de la realidad, que
aquellas más “cotidianas” que nos muestran cómo niños venden su cuerpo por un
poco de pasta base a la vuelta de nuestra casa, o de cómo nuestras hijas
abortan a la consecuencia de una borrachera en la fiesta de graduación.
“La
gente inteligente discute ideas.
“La
gente normal discute eventos.
“La
gente idiota critica personas.”
Pero nosotros aceptamos, creemos y juramos pie
juntillas la importancia de los eventos presentados por un canal católico o uno
que maneja el gobierno de turno, por cuanto las aceptamos como “verdades”
y “realidades”; no como apariencia. Pero está bien; tenemos justificación:
así nos criaron, y nada podemos hacer: como hombrecitos con tazas de baño en
vez de sesos, recibiendo la mierda que escupe un político care raja que habla
la TV.
Después de pensar en tanta y tanta mierda, uno se
vuelve a preguntar si es por pereza o por comodidad que la gente sigue ahí:
sentada frente a la pantalla de la televisión soñando con la fantasía que nos
venden: ser algún día poderosos millonarios, famosos actores rodeados de
mujeres, o grandes estrellas de rock.
“La
publicidad nos hace desear coches y ropa.
“Tenemos
empleos que odiamos, para comprar mierda que no
necesitamos" 1
Y así dicha propaganda mediática desarrolla su
poder en base a las apariencias que desarrolla en la pantalla, bombardeando con
mensajes a los televidentes a fin de controlarlos, siendo éstos (la TV) dueños
de la diversión que traducimos en nuestra felicidad porque, por mucho que
quieran controlarnos, finalmente somos nosotros mismos quienes aceptamos como
“verdades” y “realidades” dichas apariencias.
Pan y circo dijo César.
Pero ojo: para escapar a esta desagradable
realidad que nos humilla y rebaja a un estado de servidumbre y mansa esclavitud
aceptada, la misma TV nos brinda la oportunidad de excusar nuestro consumo de
mierda con canales especialmente hechos para gente de mayor corte
“intelectual”: Discovery chanel; History chanel; TV senado y al menos cuatro
canales de noticias todo el día... programación especialmente hecha para usted,
que no gusta de los típicos y estupidizantes programas de farándula, y aspira a
la adquisición de la mayor cantidad de conocimiento posible, sentado frente a
la caja tonta todo el día; salvando al mundo desde la comodidad de su sillón
favorito en su hogar. Así que no se sientan mal: hasta los que se dicen
“intelectuales” siguen pegados a la pantalla de la televisión; aunque claro:
fue ella misma quien dice qué es para gente inteligente y qué es para los
bobos. Y nosotros seguimos creyéndolo pie juntillas porque claro, no queremos
vernos alejados de lo que opina la mayoría. Y cuando los ojos ya no nos dan más
de tanta impresión fenoménica y logramos apagar a caja tonta por un instante,
nos damos cuenta de lo vacías y miserables que son nuestras vidas: de que nunca
seremos los millonarios, actores y estrellas de rock que nos dice la TV que
debemos aspirar a ser, y caemos presos de nuestra tristeza; y nos damos cuenta
de que estamos enojados; y pensamos que las cosas no deben seguir igual... pero
volvemos a prender la televisión, y nos sumergimos nuevamente en el morbo de
vivir a través de aquellos que parecen tener una vida mejor que la nuestra; de
los que tienen la vida que nosotros queremos tener: expectantes a la próxima
entrega del circo de la prensa del corazón.
Y si no es lo anterior, nos amargamos, nos alejamos de todo: profesamos el odio por la sociedad, la anarquía (infundamentada) y queremos volvernos como Nietzsche o como Sartre. Y es en ese punto en el que el nuevo virus de nuestra época ataca nuevamente: desarrolamos el sindrome de House.
Para aquellos que no estén familiarizados con
dicha terminología, Gregory House es el protagonista de una serie de ficción en
la cual un patético – aunque increíblemente inteligente y asertivo – médico
hace gala de un sinfín de razonamientos intelectuales de lo más insidiosos posibles
a fin de burlarse de cuanto ser viviente existe. Amargado, cínico y sarcástico,
ha resultado ser de lo más atractivo para prácticamente todo el mundo,
volviéndose algo así como el héroe de nuestra generación.
Ahora bien, ¿por qué decidí llamar así al
fenómeno que en cuestión? Pues fácil: la exacerbación del sarcasmo, el ingenio
literario dipsómano y las formas políticamente incorrectas resultan ahora
virtudes necesarias para todo aquel que intente hacerse de un nombre dentro de
la historia natural de los cronistas sociales o de los escritores prolijos
de la vanguardia moderna: ahora es término necesario ser desagradable para
caer bien y ser considerado un genio. (me pregunto qué pasaría si un día yo
comienzo a insultarlos y burlarme de ustedes: sabiendo que en el fondo tngo la
razón del por qué lo hago... me amarían también?) Y gracias a esa verborrea
coprolálica de la que son capaces la mayoría de los “neo intelectuales” que se
ven día a día, en la que no hacen más que repetir trilladas frases de modernos
y contestatarios filósofos y pensadores, se ha desarrollado un
pesudointelectualismo del cual son víctimas predilectas los universitarios y
humanistas en general. De esto, y del intento de parecer anti sistémicos,
vanguardistas y contestatarios, nacen diferentes patrones de comportamiento
denominados como “anti”: el intento de revivir el pintoresquismo estético de
los impresionistas franceses del siglo diez y ocho y la moda de los “nerds” por
citar algo de la “antimoda”; cualquier tipo de escrito que contenga muchas
veces la palabra “pene”, “vagina” o “mierda” se convierte ahora en un tipo de
“antiliteratura” (y sólo Dios sabe qué ha de pensar de esto el maestro Parra) y
así muchísimos ejemplos más.
Todos quieren ser Sartre y rechazar el nobel;
todos quieren ser Kafka y suplicar en el lecho de muerte que sus obras sean
quemadas... a esta nueva raza – supuestamente anti sistémica - todos los
admiran por parecer algo distinto y que, al incluir en su oratoria palabras
rebuscadas que tú no conoces y repetir de memoria frases célebres
que pudiste leer en el baño de algún bar o de la universidad misma, el
normal de la gente los considera más inteligentes, pero no tanto como para no
comprenderlos... justo como en el caso del cuento de “El traje nuevo del emperador”.
Objetivamente, no es que tenga algo con el
“anti”: me profeso un ferviente admirador de la anti poesía del maestro
Parra; sino más bien es un repudio a la significación que ha llegado a tener
dicho término por cuanto se ha prostituido más y más en la boca de infinitos
personajes que intentan representarse a sí mismos mediante alguno de los
métodos de clasificación simplista que las personas parecen considerar tan
importantes.
Ahora bien: puede parecer que me presento
agresivo y soberbio ante el tema; haciendo gala de la misma ceguera que critico
y desparramando mierda y desmereciendo al tratar de “pseudointelectuales” a
otros, pero no es mi intención contagiar a los demás con mis prejuicios
personales, sino más bien promover una cultura que adquiera el hábito del
pensamiento propio y divergente. Es absolutamente correcto revivir las
enseñanzas de antaño que fomentan la pasión intelectual, pero hay que tener
cuidado de aquellos que no hacen más que colgarse de la aparente unicidad que
fingen, recitando discursos y oratorias ajenas sin lograr una postura propia.
Si bien podemos identificarnos con uno u otro, en una nueva era de jóvenes que
luchan por ser únicos siguiendo cánones y patrones poco convencionales que nos
muestra la TV (pues sí: ahora los medios promueven la cultura “under” como algo
novedoso a lo que aspirar) resulta que todos, al querer ser diferentes, se
vuelven idénticamente diferentes: idénticamente únicos: y la lucha
antisistémica se vuelve la nueva moda.
“Quizá por eso se suicidó Kurt Cobain” escuché
decir una vez a un joven “porque, luchando por no ser un producto de la moda,
resultó convirtiéndose en un nuevo producto: un “antiproducto” que, finalmente,
se volvió la moda de los noventa”.
_____________________________________________________________________
1 Tyler Durden, personaje alter ego
interpretado por el actor Brad Pitt en “Fight Club”
Desde hoy...
abrimos entre letras una nueva dimensión; palabras e ideas para los que el mundo no basta: poetas, filosófos y todos los amantes de los libros...
ALGUIEN MÁS SE APUNTA?
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